Hay un momento en el que la conversación cambia. Después de meses de dolor, de exámenes, de tratamientos que funcionaron a medias, alguien dice: “hay que operar”.
Ese momento merece pausa. No porque la cirugía de columna sea mala —en ciertos casos es exactamente lo que corresponde— sino porque es una decisión irreversible que conviene tomar con la información completa. Y una parte importante de esa información está en criterios que las guías clínicas internacionales ya establecieron.
Qué se considera dolor lumbar crónico
Se habla de dolor lumbar crónico cuando persiste por tres meses o más. La intensidad puede fluctuar en ese período: hay semanas mejores y semanas peores, y eso no lo hace menos crónico.
La distinción importa porque el manejo cambia. En un cuadro agudo la prioridad es controlar el episodio; en uno crónico, entender por qué el problema se sostiene en el tiempo.
También conviene distinguir dos escenarios que a menudo se mezclan:
- Dolor lumbar persistente, localizado en la zona baja de la espalda.
- Ciática o dolor radicular, donde el dolor se irradia por la pierna siguiendo el recorrido de una raíz nerviosa.
Las guías internacionales tratan estos dos escenarios de forma distinta cuando se trata de cirugía. Vale la pena saber en cuál estás.
Lo que las guías internacionales establecen
La guía NG59 del National Institute for Health and Care Excellence (NICE) del Reino Unido es una de las referencias internacionales más consultadas en el manejo del dolor lumbar y la ciática. Sus recomendaciones sobre cirugía son bastante directas.
Para dolor lumbar: la guía recomienda no ofrecer fusión espinal a personas con dolor lumbar, salvo en el contexto de un ensayo clínico aleatorizado, y no ofrecer reemplazo discal. [1] El comité que la elaboró revisó la evidencia disponible y concluyó que no existía un beneficio consistente de la fusión espinal frente a los tratamientos comparadores, además de evidencia de daño potencial. [1]
Para ciática: la guía plantea considerar la descompresión quirúrgica cuando se cumplen dos condiciones simultáneamente: que el tratamiento no quirúrgico no haya mejorado el dolor o la función, y que los hallazgos radiológicos sean consistentes con los síntomas. [1]
Ese segundo escenario merece atención. Son dos condiciones, no una. No basta con que la resonancia muestre algo; tampoco basta con que el dolor persista. La guía pide ambas cosas.
Conviene ser preciso sobre el alcance: estas recomendaciones se refieren al dolor lumbar inespecífico y a la ciática. No aplican a los cuadros que tienen indicación quirúrgica establecida por otras razones, que se revisan más abajo.
Cuándo la cirugía sí está claramente indicada
Este punto va primero, porque un artículo que solo cuestiona la cirugía sería incompleto y potencialmente peligroso.
Hay situaciones donde la cirugía no se discute:
- Síndrome de cauda equina — pérdida de control de esfínteres, adormecimiento en la zona de la entrepierna, debilidad progresiva en ambas piernas. Es una urgencia médica y requiere atención inmediata.
- Déficit neurológico progresivo — pérdida de fuerza que avanza en el tiempo, no un adormecimiento estable.
- Fracturas vertebrales inestables.
- Infecciones vertebrales (espondilodiscitis) y tumores, primarios o metastásicos.
- Deformidad o inestabilidad demostrada que compromete función.
En estos cuadros la pregunta no es si operar, sino cuándo y cómo. Si tu situación corresponde a alguno de ellos, este artículo no cambia esa indicación.
Qué revisar antes de decidir
Fuera de esos escenarios, hay tres preguntas que conviene responder antes de aceptar una indicación quirúrgica.
¿Los hallazgos de la imagen coinciden con tus síntomas?
Este es el criterio de correlación clínico-radiológica, y es el que más se pasa por alto.
Las hernias y los cambios degenerativos son hallazgos frecuentes en resonancias de personas que no tienen ningún dolor. Encontrar uno en tu imagen no establece por sí solo que sea la causa de lo que sientes. La pregunta relevante es si el nivel comprometido en la imagen corresponde al territorio donde tienes los síntomas.
Cuando esa concordancia existe, el hallazgo cobra sentido clínico. Cuando no existe, operar ese hallazgo puede no cambiar el dolor.
¿Se intentó realmente el tratamiento conservador?
Aquí hay una diferencia importante entre haber probado algo y haberlo intentado adecuadamente.
Las guías internacionales sitúan el tratamiento no farmacológico como primera línea para el dolor lumbar crónico. La guía del American College of Physicians recomienda iniciar con abordajes no farmacológicos —ejercicio, rehabilitación multidisciplinaria, terapia manual entre otros— antes de escalar a otras opciones. [2]
Vale la pena precisar: ¿qué se intentó exactamente? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Con qué supervisión? Tomar antiinflamatorios durante algunas semanas y hacer reposo no equivale a un programa estructurado. Si el manejo conservador no se realizó de forma consistente, no se puede concluir que fracasó.
¿Qué resultado es esperable en tu caso?
No en general, sino en tu caso: con tu cuadro, tu nivel comprometido, tu tiempo de evolución. Es una pregunta razonable y quien indica la cirugía debería poder responderla con claridad.
Conversaciones que vale la pena tener
Si tienes una indicación quirúrgica sobre la mesa, estas son conversaciones que conviene tener con el equipo que te atiende. No para desconfiar, sino porque una decisión irreversible merece entenderse bien:
- Sobre la correlación: conversa sobre si los hallazgos de tu resonancia coinciden con la ubicación y el patrón de tus síntomas.
- Sobre el tratamiento previo: revisa juntos qué manejo conservador se ha realizado, durante cuánto tiempo y con qué resultado documentado.
- Sobre el pronóstico sin cirugía: pregunta qué se esperaría si se mantiene un manejo conservador estructurado durante un período definido.
- Sobre el resultado esperable: consulta qué mejoría específica se espera del procedimiento en tu caso y con qué probabilidad.
- Sobre las alternativas: pregunta qué otras opciones existen y por qué se descartaron.
Un profesional con criterio recibe bien estas preguntas. Son las mismas que él o ella se hizo antes de proponerte el procedimiento.
El camino por el que entras influye en lo que recibes
Hay un hallazgo que vale la pena conocer, con la debida cautela sobre lo que significa.
Un estudio publicado en Spine siguió a trabajadores con lesión lumbar y observó que la probabilidad de terminar sometido a cirugía se asociaba de forma importante con cuál fue el primer profesional consultado. [3]
Es importante leerlo con precisión. Ese estudio no demuestra que un tratamiento sea superior a otro, ni que consultar a un determinado profesional reduzca tu necesidad real de cirugía. Es un hallazgo sobre vías de derivación: muestra que el punto de entrada al sistema de salud influye en el tipo de tratamiento que se termina recibiendo. Además, la población estudiada correspondía a un sistema de compensación laboral, lo que limita cuánto se puede extrapolar a otros contextos.
Lo que sí sugiere es algo más modesto y más útil: si tu evaluación ha ocurrido enteramente dentro de una sola vía, una perspectiva adicional puede aportar información que no tenías.
Qué ofrece el manejo conservador
Cuando el cuadro no corresponde a las indicaciones quirúrgicas establecidas y la correlación clínico-radiológica no es concluyente, hay opciones antes de la cirugía.
La evaluación viene primero. Examen clínico, pruebas neurorreflejas y correlación con tus imágenes. El objetivo es determinar qué estructura está generando el síntoma, antes de indicar cualquier tratamiento.
Descompresión Vertebral Robotizada (SDV). Un sistema computarizado aplica fuerzas de descompresión controladas y progresivas sobre el segmento vertebral, ajustándose en tiempo real según la respuesta de la musculatura. Puede ser una opción en casos seleccionados de compresión mecánica. No compite con la cirugía en los cuadros que tienen indicación establecida, y la evaluación previa define si corresponde.
Trabajo sobre la función del segmento y ejercicio. Las guías internacionales respaldan el ejercicio terapéutico y los abordajes no farmacológicos como primera línea en dolor lumbar crónico. [2]
Sobre los plazos. Trabajamos en ciclos de 6 sesiones porque ese es el tramo en que se puede medir si hay respuesta clínica real y decidir con información si conviene continuar, cambiar el enfoque o derivar. Si no hay respuesta, eso también es información útil para tu decisión.
¿Tienes una indicación quirúrgica y quieres una evaluación adicional? Evaluamos, medimos y te explicamos con claridad qué esperar.
Revisado por Carlos Sagua, kinesiólogo y quiropráctico profesional del Anglo European College of Chiropractic de Reino Unido (25 años como kinesiólogo, 20 como quiropráctico).
Referencias
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National Institute for Health and Care Excellence. Low back pain and sciatica in over 16s: assessment and management. NICE guideline NG59. London: NICE; 2016 (actualizada 2020).
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Qaseem A, Wilt TJ, McLean RM, Forciea MA; Clinical Guidelines Committee of the American College of Physicians. Noninvasive treatments for acute, subacute, and chronic low back pain: a clinical practice guideline from the American College of Physicians. Ann Intern Med. 2017;166(7):514-530. doi:10.7326/M16-2367
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Keeney BJ, Fulton-Kehoe D, Turner JA, Wickizer TM, Chan KCG, Franklin GM. Early predictors of lumbar spine surgery after occupational back injury: results from a prospective study of workers in Washington State. Spine (Phila Pa 1976). 2013;38(11):953-964. doi:10.1097/BRS.0b013e3182814ed5