El motivo de consulta rara vez es “tengo una hernia cervical”. Suele ser otra cosa: un dolor de cuello que baja por el hombro y el brazo, hormigueo en los dedos, o la sensación de que la mano perdió fuerza sin explicación. A veces empezó de golpe. Muchas veces se instaló de a poco y se toleró durante meses.

Cuando aparece una resonancia con la palabra “hernia”, la conversación cambia de tono. Y ahí conviene ordenar dos cosas distintas: qué es realmente una hernia cervical, y cuánto de lo que la persona siente se explica por ese hallazgo.

Qué es una hernia cervical

Entre una vértebra y otra hay un disco intervertebral: un anillo fibroso resistente con un núcleo interior de consistencia gelatinosa. Su función es distribuir carga y permitir movimiento.

Una hernia ocurre cuando parte de ese material interior se desplaza más allá de los límites del anillo. Si ese desplazamiento se produce hacia atrás o hacia atrás y al lado, puede aproximarse a la raíz nerviosa que sale por el agujero de conjunción a ese nivel.

En la columna cervical, los niveles comprometidos con mayor frecuencia son C5-C6 y C6-C7. No es casualidad: son los segmentos con mayor demanda mecánica en la transición hacia la zona torácica, más rígida.

Conviene precisar el vocabulario, porque los informes radiológicos lo usan con rigor y los pacientes suelen leerlo como sinónimos. Un abombamiento es una deformación difusa del contorno del disco. Una protrusión es un desplazamiento localizado que mantiene continuidad con el disco. Una extrusión implica que el material atravesó el anillo. Son grados distintos y no significan lo mismo clínicamente.

Cómo se manifiesta

Cuando una raíz cervical está comprometida, los síntomas siguen un patrón que tiende a respetar el territorio de esa raíz. Eso es lo que se llama dolor radicular, y su distribución orienta sobre el nivel involucrado:

  • C5 — dolor en hombro y cara lateral del brazo; puede afectar la fuerza para separar el brazo del cuerpo.
  • C6 — dolor que recorre el brazo hacia el pulgar y el índice; hormigueo en esos dedos.
  • C7 — dolor hacia el dedo medio; puede comprometer la fuerza para extender el codo.
  • C8 — dolor hacia el anular y el meñique, por el borde interno del antebrazo.

Junto al dolor pueden aparecer parestesias (hormigueo, adormecimiento, sensación de corriente) y, en casos de mayor compromiso, pérdida de fuerza en movimientos específicos.

Un rasgo habitual: los síntomas cambian con la posición del cuello. Muchas personas notan que extender la cabeza hacia atrás o inclinarla hacia el lado del dolor lo aumenta, y que elevar el brazo por sobre la cabeza lo alivia. Esa variabilidad postural es información clínica, no un detalle anecdótico.

No todo dolor cervical irradiado es una hernia

Este es el punto que más consecuencias tiene, porque determina si el tratamiento apunta al lugar correcto.

Existen otras estructuras capaces de producir dolor que se percibe en el brazo, con un patrón que puede parecerse mucho al radicular:

Dolor referido de origen articular. Las articulaciones facetarias cervicales pueden generar dolor que se proyecta hacia el hombro y la parte alta del brazo. No hay compresión nerviosa, pero la persona lo describe como “me baja por el brazo”.

Dolor miofascial referido. Ciertos músculos del cuello y la cintura escapular tienen patrones de dolor referido bien descritos que alcanzan el brazo y la mano. Los escalenos pueden referir dolor hacia el brazo y el borde radial del antebrazo; el infraespinoso, hacia la cara anterior del hombro y el brazo; el elevador de la escápula, hacia el borde interno de la escápula y el cuello. Travell y Simons documentaron estos patrones en detalle, y su reconocimiento clínico es anterior a la resonancia magnética.

Compromiso a otro nivel del recorrido nervioso. El nervio puede irritarse en zonas distintas de la salida vertebral —por ejemplo, en su paso por la región del desfiladero torácico o en puntos de atrapamiento más distales. El síntoma se siente en la mano, pero el origen no está en el cuello.

Distinguir entre estas posibilidades no es un ejercicio académico: cambia por completo qué se trata y qué se deja tranquilo.

Lo que muestra la resonancia no siempre es lo que duele

Aquí hay un dato que sorprende a la mayoría de las personas, y que conviene conocer antes de tomar decisiones.

Se ha estudiado qué muestra la resonancia cervical en personas que no tienen ningún síntoma de cuello. Matsumoto y colaboradores evaluaron a 497 sujetos asintomáticos y encontraron pérdida de señal discal, protrusiones, disminución de altura del disco y estrechamiento foraminal, con una frecuencia que aumentaba progresivamente con la edad. En los sujetos de veinte años, la degeneración discal estaba presente en un 12% a 17% de los discos evaluados; sobre los 60 años, en un 86% a 89%. [1]

Un estudio posterior con una muestra mayor lo confirmó de forma aún más contundente. Nakashima y colaboradores evaluaron a 1.211 voluntarios sin síntomas cervicales: el 87,6% presentaba abombamiento discal. Y no era un fenómeno de personas mayores: entre quienes estaban en la veintena, ya lo mostraba el 73,3% de los hombres y el 78,0% de las mujeres. [2]

Esto no significa que una hernia cervical no importe, ni que la resonancia sea prescindible. Significa algo más preciso: encontrar un hallazgo en la imagen no establece por sí solo que ese hallazgo sea la causa del síntoma.

Por eso la resonancia se interpreta junto con el resto: la historia clínica, la distribución exacta de los síntomas, el examen neurológico y musculoesquelético, y la concordancia entre el nivel comprometido en la imagen y el territorio donde la persona siente el problema. Cuando esa concordancia existe, el hallazgo cobra sentido. Cuando no existe, tratar la imagen en lugar del paciente lleva al lugar equivocado.

También conviene saber que estos hallazgos pueden progresar con el tiempo. Un seguimiento a largo plazo de parte de la cohorte de Matsumoto observó progresión de los cambios estructurales en la mayoría de los participantes, y una proporción desarrolló síntomas durante ese período. [3] No se demostró que un hallazgo inicial determinado causara esos síntomas, pero deja claro que no se trata de imágenes irrelevantes: se trata de imágenes que requieren interpretación clínica.

Señales que requieren evaluación médica

Hay un grupo de síntomas que no corresponde manejar con tratamiento conservador y que exigen evaluación médica sin esperar.

Consulta a un médico si presentas:

  • Dificultad para caminar, sensación de inestabilidad o cambios en tu forma de caminar
  • Torpeza en las manos: dificultad para abotonar, escribir, manipular objetos pequeños
  • Hormigueo, adormecimiento o debilidad en ambos brazos o en las piernas
  • Alteraciones en el control de esfínteres
  • Pérdida de fuerza progresiva o marcada en un brazo
  • Dolor cervical intenso después de un traumatismo o accidente
  • Dolor acompañado de fiebre, baja de peso no explicada, o antecedente de cáncer

Los primeros cuatro pueden corresponder a compromiso de la médula espinal, no de una raíz nerviosa. Es una situación clínicamente distinta, requiere evaluación médica especializada y su manejo no pasa por un manejo manual.

Decirlo explícitamente es parte del trabajo. Un profesional que no distingue lo que le corresponde de lo que no, no es un profesional confiable.

Opciones de tratamiento conservador

Cuando se han descartado esas señales y el cuadro es compatible con manejo conservador, existen alternativas antes de considerar cirugía.

Todo parte por la evaluación. Examen clínico, pruebas neurorreflejas (basadas en pruebas y tests neurorreflejos) y correlación con tus imágenes si las tienes. El objetivo es determinar qué estructura está generando el síntoma y a qué nivel, antes de indicar cualquier tratamiento. Sin ese paso, cualquier técnica es un procedimiento sin criterio.

Descompresión Vertebral Robotizada (SDV). Un sistema computarizado aplica fuerzas de descompresión controladas y progresivas sobre el segmento vertebral, ajustándose en tiempo real según la respuesta de la musculatura. El objetivo es reducir la carga sobre el disco y las estructuras vecinas. Tratamos columna cervical y lumbar. No corresponde en todos los casos, y la evaluación previa define si es una opción para el tuyo.

Trabajo sobre la función del segmento. Cuando un segmento vertebral pierde movilidad normal, cambia la calidad de la información mecanosensorial que ese segmento entrega al sistema nervioso. La investigación en neurofisiología ha documentado que intervenir sobre segmentos disfuncionales modifica la integración sensoriomotora —es decir, cómo el sistema nervioso procesa esa información—. Es un hallazgo sobre mecanismos, no una promesa de resultado clínico, pero explica por qué el foco está en la función del segmento y no en su apariencia en una imagen.

Sobre los plazos, con honestidad. Trabajamos en ciclos de 6 sesiones porque ese es el tramo en que se puede medir si hay respuesta clínica real y decidir con información si conviene continuar, cambiar el enfoque o derivar. Ahora bien, conviene distinguir dos cosas que no van al mismo ritmo: la respuesta sintomática y funcional se evalúa en ese plazo; los cambios estructurales que pudieran verse en una imagen, cuando ocurren, suelen seguir tiempos distintos y más largos.

¿Cuándo sí corresponde cirugía?

El tratamiento conservador no es la respuesta para todos los casos.

La cirugía tiene indicación clara en situaciones como compromiso medular (mielopatía), déficit neurológico progresivo, pérdida de fuerza significativa que no responde, o dolor incapacitante que persiste pese a un tratamiento conservador bien conducido durante un período razonable.

Lo que sí vale cuestionar es la secuencia. Que exista una hernia en la resonancia no significa, por sí solo, que la cirugía sea el primer paso. En ausencia de las señales de alarma descritas, la mayoría de los casos merece una evaluación clínica cuidadosa y un intento conservador antes de esa decisión.


¿Tu caso podría tratarse sin cirugía? Evaluamos, medimos y te explicamos con claridad qué esperar.

Revisado por Carlos Sagua, kinesiólogo y quiropráctico profesional del Anglo European College of Chiropractic de Reino Unido (25 años como kinesiólogo, 20 como quiropráctico).

Referencias

  1. Matsumoto M, Fujimura Y, Suzuki N, Nishi Y, Nakamura M, Yabe Y, et al. MRI of cervical intervertebral discs in asymptomatic subjects. J Bone Joint Surg Br. 1998;80(1):19-24. doi:10.1302/0301-620X.80B1.7929

  2. Nakashima H, Yukawa Y, Suda K, Yamagata M, Ueta T, Kato F. Abnormal findings on magnetic resonance images of the cervical spines in 1211 asymptomatic subjects. Spine (Phila Pa 1976). 2015;40(6):392-398. doi:10.1097/BRS.0000000000000775

  3. Okada E, Matsumoto M, Ichihara D, Chiba K, Toyama Y, Fujiwara H, et al. Aging of the cervical spine in healthy volunteers: a 10-year longitudinal magnetic resonance imaging study. Spine (Phila Pa 1976). 2009;34(7):706-712. doi:10.1097/BRS.0b013e31819c2003

  4. Travell JG, Simons DG. Myofascial Pain and Dysfunction: The Trigger Point Manual. Vol 1: Upper Half of Body. Baltimore: Williams & Wilkins; 1983.