Si llegaste acá con un informe de resonancia que dice discopatía degenerativa L5-S1, lo primero que necesitas saber es esto: sí tiene tratamiento, y en la mayoría de los casos ese tratamiento no es quirúrgico. Lo segundo, que es menos cómodo pero igual de importante: el tratamiento no consiste en devolverle al disco el estado que tenía a los veinte años. Consiste en cambiar cómo se comporta el segmento que lo rodea.
Esa distinción parece un tecnicismo y no lo es. Es la diferencia entre perseguir algo que no va a ocurrir y trabajar sobre lo que sí se puede modificar.
Soy kinesiólogo y quiropráctico profesional, y trabajo con este diagnóstico todas las semanas. Lo que sigue es el razonamiento que uso en consulta, incluyendo la parte que la mayoría de los artículos sobre este tema se salta: por qué el problema aparece casi siempre en los dos últimos discos y qué implica eso para el tratamiento.
Qué dice realmente tu informe
Antes de hablar de tratamiento hay que ordenar el vocabulario, porque los informes de resonancia usan términos que suenan parecidos y significan cosas distintas. Esta es la escala real, ordenada de menor a mayor compromiso del anillo fibroso —la pared de fibras que rodea el disco:
| Término del informe | Qué significa en concreto | ¿Es una hernia? |
|---|---|---|
| Deshidratación discal / disco oscuro en T2 | El disco perdió contenido de agua y algo de altura | No |
| Abombamiento o bulging | El disco se ensancha de forma pareja en todo su contorno, como un neumático con poca presión | No |
| Protrusión | Sale material en un punto concreto, pero con base ancha y el anillo todavía contiene | Sí, hernia contenida |
| Extrusión | El material atraviesa el anillo | Sí, hernia no contenida |
| Secuestro | Un fragmento se separa del disco y migra | Sí, hernia migrada |
Discopatía degenerativa es el nombre general del proceso: el disco pierde agua, pierde altura y cambia sus propiedades mecánicas. Puede existir sin ninguna hernia. De hecho, lo más habitual es que exista sin hernia.
Y acá va lo que más tranquiliza a la gente en consulta: la palabra “degenerativa” en un informe no describe una enfermedad progresiva e inevitable. Describe un hallazgo que aparece en una proporción enorme de personas que no tienen ningún síntoma. Encontrarlo en tu resonancia no explica automáticamente tu dolor, y no significa que vayas camino a la silla de ruedas.
Por qué tomar más agua no hidrata tu disco
Es una recomendación que circula mucho y conviene aclararla, porque entenderla explica todo el resto del tratamiento.
El disco no tiene irrigación sanguínea propia. Se nutre e hidrata por imbibición: un intercambio de líquido que ocurre gracias al ciclo de compresión y descompresión del día a día. Cuando cargas el disco, sale líquido; cuando lo descargas, entra. Ese bombeo es lo que mantiene vivo el tejido.
El disco retiene agua porque su núcleo contiene proteoglicanos, unas moléculas con enorme capacidad de atraer y fijar líquido. Y las células del disco producen proteoglicanos cuando reciben el estímulo mecánico adecuado: la carga cíclica no es solo algo que el disco soporta, es la señal que le indica que debe mantener su matriz.
Ahí está el punto. Cuando el anillo fibroso se deteriora, deja de transmitir correctamente esa compresión y descompresión al núcleo. La señal mecánica se degrada, la producción de proteoglicanos cae, y con menos proteoglicanos el disco pierde capacidad de fijar agua. La deshidratación no es la causa del problema: es la consecuencia de que la estructura ya no está transduciendo bien la carga.
Por eso beber más agua no resuelve nada. El agua está disponible en tu sangre; lo que falla es la capacidad del tejido de captarla y retenerla. Es como regar más una maceta cuyo problema es que la tierra ya no retiene humedad.
Y por eso, también, el tratamiento se orienta a corregir cómo se carga el segmento. No para “rehidratar” el disco —eso no va a ocurrir— sino porque la carga bien distribuida es el estímulo que el tejido restante necesita para no seguir deteriorándose.
Si todavía no tienes claro qué significan los otros términos de tu informe —Modic, Pfirrmann, disminución del espacio intervertebral—, empieza por la guía para leer el informe de resonancia y después vuelve acá.
Qué se puede cambiar y qué no
Voy a ser directo con las dos partes.
El disco degenerado no vuelve a hidratarse
Por lo que acabamos de ver, no hay tratamiento conservador —ni manipulación, ni ejercicio, ni descompresión, ni suplemento— que haya demostrado revertir la deshidratación de un disco y devolverle su altura original. Cualquiera que te prometa “regenerar el disco” está vendiendo algo que la evidencia no respalda.
Vale la pena separar esto de otro fenómeno con el que se confunde: las hernias discales sí pueden reabsorberse espontáneamente, y con bastante frecuencia. Pero ese es un proceso distinto, de naturaleza inmunológica, que ocurre cuando el material del núcleo queda expuesto a la circulación. No es lo mismo que la degeneración del disco, y no aplica a una discopatía sin hernia. Lo desarrollé aparte en el artículo sobre reabsorción de hernias discales.
El segmento sí puede cambiar de comportamiento
Acá está el margen real de trabajo. El disco es una de las tres piezas de una unidad funcional: el disco adelante y las dos articulaciones facetarias —las articulaciones pequeñas que unen una vértebra con la siguiente por detrás. Las tres se reparten la carga y el movimiento. Cuando ese reparto se altera, el disco recibe fuerzas para las que no está construido, especialmente fuerzas de rotación.
Ese reparto sí se puede modificar. Y modificarlo cambia los síntomas, aunque la imagen del disco siga viéndose igual. Es por eso que dos personas con resonancias prácticamente idénticas pueden tener una vida completamente distinta: la imagen muestra la estructura, no el comportamiento.
El tratamiento conservador, por fases
El manejo conservador es la primera línea para la gran mayoría de los pacientes con patología discal lumbar. Las guías clínicas desaconsejan operar en la fase aguda del cuadro [1].
Lo organizo en tres fases. No son bloques rígidos: se superponen, y el paso de una a otra depende de tu respuesta, no del calendario.
Fase 1 — Control del dolor y de la irritación
El objetivo es bajar el nivel de irritación lo suficiente como para poder empezar a mover. Esto suele incluir manejo farmacológico indicado por tu médico, ajuste de las posturas y actividades que están alimentando el cuadro, y trabajo manual dirigido a los segmentos y tejidos que están reaccionando.
Lo que no hago en esta fase es reposo prolongado. La inmovilización mantenida empeora el pronóstico en dolor lumbar.
Fase 2 — Recuperar movilidad donde falta
Esta es la fase que más se salta y la que más determina el resultado. Un segmento rígido no es un problema solo para sí mismo: obliga a sus vecinos a compensar. Si tu cadera derecha perdió rotación, o tu articulación sacroilíaca dejó de moverse bien, o los segmentos lumbares altos están bloqueados, ese movimiento tiene que salir de alguna parte. Y sale del eslabón más disponible, que muy frecuentemente es L4-L5 o L5-S1.
Una revisión sistemática en radiculopatía por hernia discal lumbar encontró que las intervenciones específicas —ejercicio, ejercicios de estabilización, movilización, manipulación y tracción— obtuvieron mejores resultados que los grupos control sin esas acciones, con ensayos de calidad alta y riesgo de sesgo bajo a moderado [1].
Fase 3 — Control motor y carga progresiva
Devolver movilidad sin construir control es incompleto: el segmento vuelve al patrón anterior. Esta fase construye la capacidad de sostener el nuevo reparto de carga.
Un detalle que importa y que ha cambiado en las últimas décadas: los protocolos clásicos basados en flexión —los ejercicios de Williams— han ido cediendo terreno. La práctica actual favorece alternativas isométricas, estabilización estática de la musculatura segmentaria profunda, y trabajo integrado de fuerza y resistencia, siempre individualizado al patrón de cada paciente [2]. La razón que se suele dar es que la flexión lumbar repetida aumenta la presión dentro del disco, aunque esa parte pertenece más al razonamiento biomecánico que a un ensayo clínico que haya comparado ambos enfoques de forma directa.
Traducido: para una discopatía L5-S1, los abdominales tradicionales y los estiramientos que te llevan a doblarte hacia adelante con la espalda redondeada suelen ser mala idea. El trabajo isométrico de tronco y la carga controlada, buena.
Dónde entra la descompresión vertebral robotizada
Es una tecnología que usamos en la consulta, así que voy a ser claro sobre qué puede y qué no puede hacer.
La descompresión vertebral robotizada no es un tratamiento que funcione por sí solo. Los estudios que la evalúan de forma aislada dan resultados contradictorios: la revisión más citada, que reunió 32 ensayos, no encontró beneficio claro de la tracción usada como intervención única [3]. Un metaanálisis más reciente sí encontró efectos favorables, pero con estudios tan dispares entre sí —una heterogeneidad del 97,9 %— que sus propios autores advierten que no permiten conclusiones firmes [4].
Mi lectura de eso no es que la descompresión no sirva. Es que descomprimir un disco no arregla lo que hizo que ese disco se sobrecargara.
Un segmento lumbar sobrecargado casi nunca lo está por una sola razón. Suele haber una combinación de tres cosas, y las tres necesitan trabajo propio:
- Restricción articular. Segmentos que perdieron movilidad y obligan a compensar a los de al lado. Es lo que corrijo con el ajuste quiropráctico, que además de liberar movimiento genera una respuesta refleja sobre la musculatura que rodea el segmento.
- Cadenas miofasciales tensas. El tejido que conecta pelvis, cadera y tronco no trabaja por músculos aislados sino por cadenas. Si una cadena está acortada, mantiene el segmento cargado aunque lo hayas descomprimido en la camilla.
- Alteraciones neurodinámicas. El nervio tiene que poder deslizarse dentro de su recorrido. Cuando pierde esa capacidad, el síntoma persiste aunque la mecánica articular ya esté mejor.
La descompresión trabaja sobre la presión dentro del disco. No toca ninguna de esas tres. Por eso la uso como una pieza dentro de un plan, en pacientes donde tengo una razón mecánica concreta para indicarla —y si no la tengo, no la indico.
Una advertencia práctica: la tracción no es inofensiva. Varios de los estudios de esa revisión reportaron efectos adversos, incluyendo aumento del dolor y agravamiento de síntomas neurológicos [3]. Razón de más para que la indique alguien que te examinó, y no alguien que solo vio tu resonancia.
Y creo que la explicación de esos efectos adversos está justamente en los tres factores que acabo de describir. Si descomprimes un segmento que todavía tiene una restricción articular sin resolver, cadenas miofasciales hipertónicas que se resisten a soltar, o una alteración neurodinámica que nadie evaluó, la tracción no encuentra un tejido dispuesto a ceder: encuentra resistencia. Y tensionar contra resistencia es exactamente la receta para que algo se irrite.
Ejercicios: qué sirve y qué conviene evitar
Sin un examen no puedo darte un programa, y desconfía de quien te lo dé por internet. Pero sí puedo darte los criterios.
Empiezo por el criterio que ordena todo lo demás, porque sin él las listas de ejercicios no significan nada.
Estar sentado es uno de los mayores agravantes del estrés lumbar. Al sentarte, la pelvis rota hacia atrás, la lordosis se aplana y el disco pasa a soportar la carga en flexión en vez de repartirla. Si pasas ocho horas al día en esa posición, tu columna baja ya está acumulando horas de un patrón que le hace daño.
De ahí sale la primera regla: el trabajo de tronco tiene que entrenar la posición contraria, no reforzar la misma.
Suele funcionar bien:
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Trabajo isométrico de tronco en posición neutra. Isométrico significa sostener sin moverse. Neutra significa con la columna en la misma disposición que tiene cuando estás de pie, con la lordosis conservada. La idea es entrenar la capacidad de mantener esa posición bajo esfuerzo, que es exactamente lo que tu día de trabajo está desentrenando. Si el ejercicio te lleva a redondear la espalda, estás practicando el problema.
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Movilidad de cadera, especialmente rotación y extensión. Este es el punto que más subrayo en consulta: la movilidad que la cadera no ejecuta se convierte en sobrecarga lumbar. Cuando te giras para alcanzar algo o das un paso largo, ese movimiento tiene que salir de algún lado. Si tus caderas están rígidas, lo compensa la columna baja, y lo compensa en rotación, que es justo la dirección que peor tolera el anillo del disco. Ganar rotación de cadera es una de las formas más directas de descargar L4-L5 y L5-S1.
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Extensión lumbar progresiva, si tus síntomas responden bien a ella. Es la contraparte de las horas sentado. Pero “si responde bien” no es un adorno: en algunos casos la extensión irrita. Y cuando eso pasa, en mi experiencia la causa suele ser la misma que mencioné con la descompresión —una restricción articular sin resolver, una cadena miofascial que no cede, o una alteración neurodinámica que no se consideró. No es que la extensión esté mal indicada: es que hay algo previo que no se trabajó.
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Caminata regular, en tramos que no disparen el dolor. Devuelve el ciclo de carga y descarga que el disco necesita, y rompe el tiempo sentado.
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Carga progresiva con técnica supervisada, incluyendo trabajo de fuerza. El objetivo final no es proteger la espalda de la carga, es que tolere carga.
Conviene evitar, al menos al principio:
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Los abdominales que todo el mundo conoce. Esta es la más importante y la que casi nadie aplica. Todo ejercicio que lleve las piernas o las rodillas hacia el tronco —o el tronco hacia las piernas— comprime el disco en flexión, que es la posición que ya estás sobrecargando al estar sentado. Da lo mismo si el movimiento es recto o en diagonal: los abdominales clásicos, los oblicuos con giro, las elevaciones de piernas y las bicicletas entran todos en la misma categoría. Reemplazarlos por trabajo isométrico en neutro no te va a debilitar; te va a entrenar lo que realmente necesitas.
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Rotación forzada del tronco bajo carga. Es la combinación exacta que el anillo del disco peor tolera en estos niveles.
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Levantar peso desde el suelo con la espalda flectada.
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Permanecer sentado muchas horas sin interrupciones. Levantarse cada 30 a 45 minutos, aunque sea un minuto, hace más diferencia que la silla que compres.
Por qué la rotación aparece dos veces en estas listas —una para ganarla en la cadera y otra para evitarla en la columna— es exactamente lo que viene a continuación.
Por qué casi siempre son L4-L5 y L5-S1
Esta sección es la que explica por qué el tratamiento se orienta como se orienta. Si solo querías saber qué hacer, ya lo tienes. Si quieres entender por qué, sigue.
En personas entre 25 y 55 años, alrededor del 95 % de las hernias discales lumbares se ubican en L4-L5 y L5-S1 [5]. Los estudios epidemiológicos en población joven muestran una concentración muy marcada en esos niveles: en un tamizaje de casi 40.000 hombres coreanos de 19 años evaluados para el servicio militar, entre los casos detectados L4-L5 concentró el 50,6 % y L5-S1 el 40,8 %, mientras que L3-L4 apenas llegó al 6,4 % y los niveles superiores quedaron por debajo del 2 % [6].
Hay un detalle en ese dato que casi nadie menciona y que a mí me parece la pista más interesante: por encima de los 55 años el patrón se desplaza hacia niveles más altos [5]. Si la concentración en los dos últimos discos se explicara solo por carga acumulada a lo largo de la vida, debería acentuarse con la edad, no moverse hacia arriba.
Eso sugiere que la explicación habitual está incompleta.
La explicación por carga no cuadra con los números
La respuesta habitual es que los discos de abajo aguantan más peso. Es cierto que la carga compresiva aumenta hacia abajo, pero L3-L4 está apenas dos a cuatro centímetros por encima de L4-L5. Esa diferencia de peso no explica un salto del 6 % al 50 %.
La segunda respuesta habitual apunta a la inclinación. Al final de la curva lumbar el platillo del sacro está inclinado, y sobre una superficie inclinada el peso que baja por la columna deja de aplastar el disco de forma pareja: aparece un componente que empuja la vértebra hacia adelante. Se llama fuerza de cizalla, y la literatura describe que es mayor en los dos segmentos inferiores precisamente porque ahí aumentan la lordosis y la inclinación de la vértebra [7].
Esa explicación tampoco cierra, y vale la pena ver por qué.
Si la cizalla fuera el factor que determina dónde se dañan los discos, el nivel más afectado tendría que ser L5-S1, que es el más inclinado de todos. Pero no lo es. El nivel más afectado en la mayoría de las series es L4-L5, que está por encima y recibe menos cizalla [6]. La lógica de “más inclinación, más daño” predice el orden equivocado.
Hay un segundo matiz que conviene tener presente. Que exista una fuerza de cizalla no significa que la vértebra se esté deslizando. En una columna sin anterolistesis —el desplazamiento de una vértebra hacia adelante sobre la siguiente— no hay movimiento en esa dirección, y sin embargo la fuerza sigue ahí. Lo que ocurre es que está siendo contenida: por las facetas, por los ligamentos y por la propia forma del disco. Una fuerza que se contiene es una fuerza que existe, pero no es lo mismo que un movimiento que se produce.
Y esa distinción es la clave, porque desplaza la pregunta. La pregunta deja de ser cuánta fuerza recibe cada nivel, y pasa a ser qué tuvo que construir el cuerpo para contenerla, y qué le costó construirlo.
La adaptación de las facetas y su precio
Que las facetas de los últimos segmentos tengan una orientación distinta al resto de la columna no es casualidad. Su ángulo cambia de forma progresiva de arriba hacia abajo: medido respecto del plano sagital, va desde unos 23° en L1-L2 hasta cerca de 49° en L5-S1 [8]. Las de abajo están claramente más orientadas hacia el plano frontal.
Esa orientación es la respuesta anatómica al problema de la cizalla. Unas facetas más frontales bloquean muy bien el deslizamiento hacia adelante, y la literatura las describe justamente como el mecanismo natural con el que se enfrentan esas fuerzas en ese nivel [7]. El cuerpo no construye un freno para una fuerza que no existe: la propia adaptación es la mejor evidencia de que la demanda está ahí.
Pero toda solución mecánica tiene un costo, y el costo acá es muy específico: la orientación de la faceta determina cuánta presión llega al disco y cuánta fuerza soporta la propia faceta. Un estudio de elementos finitos que simuló distintas orientaciones facetarias midió exactamente eso —presión intradiscal y fuerza de contacto facetaria bajo momentos puros y bajo fuerza de cizalla anterior— y confirmó que la orientación cambia el reparto [9]. Y la relación entre torsión y degeneración discal está descrita desde hace décadas: el trabajo clásico de Farfan sobre el efecto de la torsión en las articulaciones intervertebrales lumbares es el que instaló el papel de la rotación en la producción de degeneración del disco [10].
Ese es el punto que quiero que te lleves:
Las facetas lumbares bajas están construidas para impedir que la vértebra se deslice hacia adelante, y pagan ese diseño con menos capacidad de frenar el giro. La rotación que las facetas ya no contienen la termina absorbiendo el anillo del disco.
Conviene notar de dónde viene esa adaptación: es la inclinación de los cuerpos vertebrales bajos la que la explica. Los últimos segmentos están inclinados, esa inclinación genera una demanda de contención anteroposterior, y la faceta responde volviéndose más frontal. Así que la inclinación sí está en el origen de todo esto —pero no dañando el disco de forma directa, sino obligando a una adaptación cuyo costo recae sobre la rotación.
Fíjate en el cambio de variable. No es la compresión la que explica el patrón, ni la cizalla directamente. Es la rotación que queda sin contener como consecuencia de la adaptación a la cizalla. Y eso ya no es un problema de cuánto peso cargas: es un problema de cómo se mueve tu columna baja.
Falta todavía explicar por qué L4-L5 supera a L5-S1. Para eso hay que mirar un elemento que solo existe abajo.
El ligamento iliolumbar amarra L5 a la pelvis
Hay un elemento anatómico más que solo existe abajo. El ligamento iliolumbar ancla la apófisis transversa de L5 a la cresta ilíaca, con expansiones variables hacia L4 [11]. Su función no es neutra: restringe activamente el movimiento en la unión lumbosacra y en la articulación sacroilíaca [12].
Eso tiene dos consecuencias que uso todos los días en consulta:
Primero, L5-S1 queda atado a la pelvis. Lo que pasa en la sacroilíaca no se disipa antes de llegar al último disco: se transmite. Hay un dato indirecto que apunta en esa dirección. Un estudio encontró menor tasa de fusión de L5-S1 en pacientes con anquilosis ósea de la sacroilíaca, y sus autores plantean como explicación que, al perderse la movilidad sacroilíaca, las cargas que suben desde las extremidades inferiores dejan de amortiguarse y se concentran en ese nivel [13]. Es una hipótesis de los propios investigadores, no una medición directa de esas cargas.
Segundo, L4-L5 queda justo encima de un segmento amarrado. Es la zona de transición entre una columna lumbar móvil y una unión lumbosacra restringida. El movimiento que L5-S1 no puede hacer lo asume el nivel de arriba. Eso ayuda a explicar por qué L4-L5 es el nivel más frecuente en la mayoría de las series, incluso por delante de L5-S1, a pesar de recibir menos cizalla.
El eje de rotación, y por qué esto cambia el tratamiento
Acá conecto con la línea de trabajo que desarrollé en mi formación en biomecánica, sobre el centro instantáneo de rotación.
Cada segmento de la columna gira alrededor de un eje que no es fijo: se desplaza a medida que la vértebra se mueve. Existe un estudio experimental que midió esto exactamente en el segmento que nos ocupa: en doce articulaciones L5-S1 de cadáver humano, sometidas a compresión y cizalla representativas de la posición de pie, se calculó el eje instantáneo de rotación entre posturas sucesivas y se midió al mismo tiempo la fuerza sobre las facetas con sensores de película delgada. El eje se desplazó de forma consistente y medible durante la flexión y la extensión [14].
Lo que eso significa en la práctica: la posición del eje determina cómo se reparte la carga entre el disco y las facetas. Cuando el eje está donde corresponde, el reparto es proporcionado. Cuando se desplaza —por rigidez de un segmento vecino, por una sacroilíaca que dejó de moverse bien, por una cadera que perdió rotación, por un patrón de movimiento repetido durante años— el reparto cambia. La faceta empieza a recibir fuerzas que no le tocaban, y el anillo del disco absorbe rotación que las facetas ya no frenan.
Y de ahí sale, finalmente, la lógica completa del tratamiento:
El objetivo no es regenerar el disco. Es devolverle al segmento un comportamiento tolerable: recuperar movilidad donde falta, construir control donde sobra movimiento, y devolver a la cadera y a la sacroilíaca la parte del movimiento que le estaban descontando al último disco lumbar.
Por eso, cuando alguien llega con una discopatía L5-S1, buena parte de mi examen no ocurre en L5-S1. Ocurre en la cadera, en la sacroilíaca y en los segmentos de más arriba.
Lo que la evidencia todavía no permite afirmar
Nada de esto significa que la orientación de tus facetas o la tensión de tus ligamentos hayan causado tu discopatía.
La literatura sobre este punto está dividida. Varios estudios encuentran asociación entre la asimetría de orientación facetaria y la herniación discal, pero otros trabajos clásicos no encontraron que la rotación angular fuera significativa en el origen del prolapso discal [7]. Afirmar causalidad sería ir más lejos de lo que los datos permiten.
Y quiero ser explícito sobre una cosa más, porque me parece la parte más importante de este artículo.
Los datos que cité están publicados y verificados: la distribución por nivel, los ángulos facetarios, el efecto de la orientación de la faceta sobre el reparto de carga, la relación entre torsión y degeneración discal, la anatomía del ligamento iliolumbar y el desplazamiento del eje de rotación.
Lo que no viene de un estudio es la forma en que los conecté. Que la adaptación facetaria a la cizalla sea lo que explica el patrón, que el ligamento iliolumbar explique por qué L4-L5 supera a L5-S1, que una restricción articular o una cadena miofascial no resuelta sea la razón de que la tracción o la extensión irriten en algunos pacientes: eso es mi modelo clínico. Lo construí con la evidencia disponible y en mi experiencia orienta bien el examen, pero no hay un estudio que lo confirme como tal.
Te lo digo porque creo que mereces saber qué parte de lo que leíste es literatura y qué parte es el criterio de quien te va a atender.
Lo que sí permite este razonamiento es algo más útil en la consulta: identificar qué factores mecánicos, en tu caso concreto, están sosteniendo el problema hoy. No los que lo originaron hace quince años. Los que lo mantienen. Esos son los que se pueden modificar.
Cuándo la cirugía sí está sobre la mesa
El manejo conservador es la primera línea, pero no es la respuesta para todos. Hay situaciones en las que corresponde una evaluación médica inmediata, sin pasar por terapia:
- Pérdida de fuerza progresiva en la pierna o el pie
- Alteración del control de esfínteres (vejiga o intestino)
- Pérdida de sensibilidad en la zona de contacto con la silla de montar: periné, cara interna de los muslos
- Dolor que no cede con el reposo y que te despierta en la noche
- Fiebre asociada al dolor de espalda
- Antecedente de cáncer, o trauma reciente significativo
- Dolor lumbar de inicio reciente en mayores de 50 años sin causa clara
Si tienes alguno de estos, no agendes una sesión de terapia: consulta con un médico ahora. Los tres primeros pueden corresponder a un síndrome de cauda equina, que es una urgencia quirúrgica.
Fuera de esas señales, la conversación quirúrgica normalmente aparece cuando el dolor radicular incapacitante persiste después de varias semanas de tratamiento conservador bien hecho, o cuando hay déficit neurológico que no mejora. Y “bien hecho” incluye haber pasado por las tres fases, no haber recibido calor y ultrasonido durante dos meses.
Para terminar
Si tu informe dice discopatía degenerativa L5-S1, tienes entre manos un hallazgo muy común, con tratamiento conservador de primera línea y con un pronóstico que depende bastante menos de la imagen y bastante más de cómo se está comportando tu columna baja en conjunto con tu pelvis y tus caderas.
La pregunta útil no es “cuánto está degenerado mi disco”. Es “qué está haciendo que este segmento siga sobrecargado hoy”. Esa segunda pregunta sí tiene respuestas accionables.
Si quieres que revisemos tu caso y tu resonancia, puedes escribirme directamente por WhatsApp. Atiendo en Las Condes, Santiago.
¿Buscas el panorama completo del tratamiento no quirúrgico de la patología discal lumbar? Está en hernia discal lumbar L4-L5 y L5-S1: tratamiento sin cirugía.
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Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza una evaluación clínica presencial. Carlos Sagua es kinesiólogo y quiropráctico profesional, titulado en el Anglo European College of Chiropractic, Reino Unido. Q Quiropráctica, Av. Apoquindo 7935, Torre B, Oficina 802, Las Condes, Santiago.