Recibiste el informe de tu resonancia magnética y leíste algo como “cambios degenerativos discales L5-S1” o “discopatía L5-S1 con disminución de la altura del espacio intervertebral”. Y probablemente lo primero que pensaste fue: ¿esto es grave?
Es una de las consultas más frecuentes que llegan a nuestra clínica: personas con un informe en la mano, un lenguaje técnico que nadie les tradujo, y una cita con el especialista que puede demorar semanas. Este artículo existe para acortar esa espera con información precisa.
La respuesta corta: discopatía L5-S1 no significa hernia, no significa cirugía, y no significa que el dolor que sientes venga necesariamente de ahí. Y lo más importante: no es una condena a “tener que aprender a vivir con dolor”. La respuesta larga es más interesante, y es la que te permite tomar decisiones informadas.
Qué dice exactamente el informe
La nomenclatura que usan los radiólogos no es arbitraria. Está estandarizada por un consenso conjunto de la North American Spine Society, la American Society of Spine Radiology y la American Society of Neuroradiology, cuya versión vigente es de 2014.
Según ese estándar, discopatía degenerativa (o “cambios degenerativos discales”) describe un conjunto de alteraciones en la estructura del disco: deshidratación del núcleo, fibrosis, disminución de la altura del espacio discal, abombamiento difuso del anillo, fisuras anulares, gas intradiscal, osteofitos en los bordes vertebrales o cambios en los platillos vertebrales.
Fíjate en lo que no dice esa definición: no dice que haya material desplazado comprimiendo un nervio. No dice que exista una hernia. Y no dice nada sobre tu pronóstico ni sobre qué tratamiento necesitas.
La escalera terminológica: cuatro palabras que no son sinónimos
Aquí está el origen de casi toda la confusión. Estas cuatro palabras aparecen en los informes y describen cosas distintas:
Discopatía degenerativa. El estado general del disco: perdió agua, perdió altura, cambió su composición. Es un descriptor de la condición del tejido, no de su posición.
Abombamiento discal (bulging). El disco se extiende más allá del borde de los cuerpos vertebrales en más del 25% de su circunferencia. El estándar internacional es explícito en este punto: por definición, un abombamiento no es una hernia. Es una deformación difusa, no un desplazamiento focal de material.
Protrusión discal. Aquí ya estamos dentro del proceso de herniación discal. Hay material desplazado de forma focal, ocupando menos del 25% de la circunferencia, y donde el ancho de la base es mayor que la distancia que sobresale. Es importante saber que una protrusión no progresa inevitablemente a grados mayores: muchas permanecen estables o se reabsorben.
Extrusión discal. Una hernia de mayor grado: el material desplazado sobresale más de lo que mide su base, o perdió continuidad con el disco de origen.
Esa distinción no es solo terminológica: la probabilidad de que el material se reabsorba solo cambia mucho según la categoría, y lo vemos en detalle en ¿la hernia discal tiene cura?.
La escalera importa porque los informes suelen combinarlas —“discopatía L5-S1 con protrusión discal posterocentral”— y cada término aporta información distinta. Leer “protrusión” y entender “me van a operar” es un salto que el informe no respalda.
Por qué el hallazgo no explica todo el dolor
Este es el punto que más cambia la conversación con nuestros pacientes.
Una revisión sistemática de Brinjikji y colaboradores, publicada en American Journal of Neuroradiology, reunió estudios de imagen de personas sin ningún síntoma de dolor lumbar y midió qué tan frecuentes eran los hallazgos degenerativos según la edad. Los resultados:
| Edad | Degeneración discal | Abombamiento | Protrusión |
|---|---|---|---|
| 20 años | 37% | 30% | 29% |
| 50 años | ~80% | ~60% | ~36% |
| 80 años | 96% | 84% | 43% |
Personas sin dolor. A los 50 años, aproximadamente cuatro de cada cinco tienen degeneración discal visible en resonancia y no sienten nada.
Esto significa que encontrar discopatía L5-S1 en tu imagen es, en términos estadísticos, casi lo esperable para un adulto. Los propios autores concluyen que muchos de estos hallazgos son parte del envejecimiento normal y deben interpretarse en el contexto clínico de cada persona, no de forma aislada.
Pero aquí viene el matiz honesto, y es importante no quedarse solo con la parte tranquilizadora. El mismo grupo de investigación publicó un segundo trabajo comparando dos grupos de personas menores de 50 años: unas con dolor lumbar y otras sin dolor. Al revisar sus resonancias, encontraron que hallazgos como el abombamiento, la degeneración y la protrusión aparecían con más frecuencia en el grupo con dolor.
Dicho en simple: si tomas cien personas con dolor lumbar y cien sin dolor, vas a encontrar estos hallazgos en más de las primeras que de las segundas. Eso no demuestra que el hallazgo sea la causa del dolor —dos cosas pueden aparecer juntas sin que una provoque la otra—, pero sí indica que no son elementos completamente ajenos entre sí.
La lectura correcta, entonces, no es “la resonancia no sirve” ni “los hallazgos no importan”. Es más matizada: los hallazgos de imagen importan menos de lo que la mayoría asume, pero no son irrelevantes. Lo que no se puede hacer es leer la imagen como si fuera la causa completa del dolor, ni tomar decisiones de tratamiento solo con el informe.
Qué determina realmente tus síntomas
Si la imagen no cuenta toda la historia, ¿qué la cuenta?
La evaluación clínica. Cómo se comporta tu dolor con el movimiento, qué posiciones lo alivian y cuáles lo agravan, si hay irradiación y siguiendo qué trayecto, si existe alteración de fuerza o sensibilidad, cómo responden tus reflejos, y cómo se comporta tu columna en cada plano de movimiento.
En L5-S1 específicamente, cuando hay compromiso de la raíz S1, el patrón típico incluye dolor hacia la cara posterior del muslo y la pantorrilla, dificultad para pararse en puntas de pie, y cambios de sensibilidad en el talón o la planta. Ese patrón clínico es lo que le da sentido —o se lo quita— a un hallazgo en la imagen.
Desde nuestro enfoque, hay una capa adicional. El disco degenerado, las articulaciones facetarias de ese nivel y la musculatura profunda que lo estabiliza son fuentes de información mecanosensorial para tu sistema nervioso. Cuando esa información se degrada, el control motor de la zona se altera, y esa alteración puede sostener el dolor con independencia de lo que muestre la resonancia. No movemos huesos: mejoramos la calidad de la información mecanosensorial que nutre a tu sistema nervioso.
Señales de alarma: cuándo consultar sin esperar
La mayor parte de lo anterior aplica a cuadros de dolor lumbar sin complicaciones. Hay situaciones que requieren evaluación médica urgente, y ante las cuales no corresponde iniciar ni continuar terapia manual:
- Pérdida de control de esfínteres (vesical o intestinal), retención urinaria o incontinencia de aparición reciente.
- Anestesia en silla de montar: pérdida de sensibilidad en la zona genital, perineal o cara interna de los muslos.
- Debilidad progresiva en una o ambas piernas, especialmente si empeora en días.
- Dolor lumbar acompañado de fiebre, baja de peso no explicada o antecedente de cáncer.
- Dolor tras un traumatismo significativo, o en personas con osteoporosis conocida.
Los tres primeros pueden indicar un síndrome de cauda equina, una urgencia neuroquirúrgica. Si presentas alguno, acude a un servicio de urgencia; no esperes una hora programada.
Qué se puede hacer con una discopatía L5-S1
Empecemos por lo que es honesto decir: los cambios degenerativos establecidos —la altura discal perdida, la deshidratación del núcleo— no se revierten. Ningún tratamiento, conservador o quirúrgico, devuelve un disco de veinte años.
Y sin embargo, la mayoría de las personas con discopatía L5-S1 sintomática mejoran. La razón es que el objetivo del tratamiento no es cambiar la imagen, sino cambiar tu función: reducir el dolor, recuperar rango de movimiento, restablecer el control motor del segmento y permitirte volver a tus actividades.
Las guías del American College of Physicians recomiendan tratamiento no farmacológico y no quirúrgico como primera línea para el dolor lumbar, en ausencia de déficit neurológico progresivo. Eso incluye terapia manual, ejercicio terapéutico dirigido y educación sobre la condición.
En Q Quiropráctica el trabajo parte de una evaluación biomecánica y neurorreflexiva que busca entender cómo se comporta tu segmento L5-S1 en movimiento, no solo cómo se ve detenido en una imagen. A partir de ahí se define un plan que puede combinar ajuste quiropráctico, rehabilitación neurorreflexiva y, cuando el caso lo justifica, Descompresión Vertebral Robotizada como vía complementaria de descarga mecánica controlada.
Si lo que buscas ahora es el detalle de ese plan —qué se trabaja en cada fase, qué ejercicios conviene hacer y cuáles evitar, y por qué la degeneración se concentra justamente en los dos últimos discos lumbares— lo desarrollamos completo en tratamiento de la discopatía degenerativa L5-S1.
Si tu informe además describe una hernia discal en ese nivel, el abordaje conservador tiene su propio cuerpo de evidencia, que revisamos en detalle en nuestro artículo sobre hernia discal lumbar L4-L5 y L5-S1.
Lo que conviene que te lleves
Tu informe de resonancia es un dato, no una sentencia. Describe la estructura de tu disco en un instante, y esa estructura se parece mucho a la de millones de personas que no tienen dolor.
Lo que decide tu tratamiento no es la palabra “discopatía” en un papel: es cómo se comporta tu columna, qué limita tu vida diaria, y qué encuentra una evaluación clínica hecha con tiempo. Esa conversación es la que vale la pena tener.
Referencias
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Fardon DF, Williams AL, Dohring EJ, Murtagh FR, Gabriel Rothman SL, Sze GK. Lumbar disc nomenclature: version 2.0. Recommendations of the combined task forces of the North American Spine Society, the American Society of Spine Radiology and the American Society of Neuroradiology. Spine J. 2014;14(11):2525-45.
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Brinjikji W, Luetmer PH, Comstock B, Bresnahan BW, Chen LE, Deyo RA, et al. Systematic literature review of imaging features of spinal degeneration in asymptomatic populations. AJNR Am J Neuroradiol. 2015;36(4):811-6.
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Brinjikji W, Diehn FE, Jarvik JG, Carr CM, Kallmes DF, Murad MH, et al. MRI findings of disc degeneration are more prevalent in adults with low back pain than in asymptomatic controls: a systematic review and meta-analysis. AJNR Am J Neuroradiol. 2015;36(12):2394-9.
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Qaseem A, Wilt TJ, McLean RM, Forciea MA; Clinical Guidelines Committee of the American College of Physicians. Noninvasive treatments for acute, subacute, and chronic low back pain: a clinical practice guideline from the American College of Physicians. Ann Intern Med. 2017;166(7):514-30.